Un monstruo que ama las flores: Mónica Ojeda irrumpe en la FIL Guadalajara 2025

Por: Abraham Mendoza Cabrera
Foto: Abraham Mendoza Cabrera

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025, la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar reunió a estudiantes, lectores y académicos para escuchar a Mónica Ojeda, una de las autoras más influyentes y desafiantes de la literatura hispanoamericana actual. Bajo el título “Un monstruo que ama las flores: por una imaginación indócil”, la escritora ecuatoriana ofreció una conferencia que desbordó imaginación, teoría literaria y reflexión crítica.

 

La Dra. Dulce María Zúñiga Chávez, rectora del CUCSH y coordinadora de la Cátedra, celebró la presencia de Ojeda en este espacio académico, señalando que su visita era “ampliamente esperada” por la fuerza estética de su obra y por su particular resonancia entre los jóvenes: “Es una grandísima escritora y, sobre todo, tiene un contacto sorprendente con los jóvenes lectores. Su capacidad para despertar el interés en estudiantes de escritura creativa y letras es admirable”, afirmó.

 

Recordó además la potencia narrativa de la autora, capaz de explorar zonas oscuras y de terror psicológico con una precisión que cautiva desde la primera página. Como muestra de su relevancia internacional, destacó la próxima adaptación televisiva de Mandíbula, proyecto en el que participan Diego Luna y Gael García Bernal.

 

El profesor Francisco Estrada, encargado de presentar a la escritora, reforzó la idea: Mónica Ojeda es hoy “una de las escritoras más importantes en lengua española”, cuyo alcance estético y político se extiende por diversos públicos y generaciones.

 

Como parte de las actividades de la Cátedra Julio Cortázar, se anunció que Ojeda impartirá un taller intensivo de tres días dirigido a estudiantes de Escritura Creativa y Letras de la Universidad de Guadalajara.

 

Durante su conferencia, Ojeda se adentró en la simbología del monstruo como figura literaria, a partir de un relato de Agota Kristof en el que una criatura gigantesca, de lomo gris y rugoso, irrumpe en un pueblo cuyos habitantes viven desnudos y enmascarados. La fascinación, y el peligro, crece cuando, sobre la espalda del monstruo, brotan flores de aroma embriagador que alteran la vida del pueblo hasta llevarlo al extremo.

 

La escritora explicó cómo Kristof condensa en este relato sus marcas estilísticas: la frontera, la soledad y la violencia como territorio narrativo. Recordó que la autora húngara, exiliada y obligada a escribir en “la lengua del enemigo”, hizo de la ficción una forma de autobiografía enmascarada.

 

A partir de esa criatura floral, Ojeda reflexionó sobre los monstruos literarios como encarnaciones de lo desconocido, de la crisis, del miedo que desestabiliza, pero también ilumina. Expuso principios fundamentales del pensamiento monstruoso: El monstruo es cultural; escapa a la categorización; aparece en tiempos de crisis; encarna la diferencia; señala fronteras; su miedo es también un deseo; vive en el umbral de la transformación.

 

Los monstruos de su propia obra, explicó, responden a estas lógicas: entidades ambiguas y cambiantes, más cercanas a los “aconteceres monstruosos” que a cuerpos fijos o reconocibles. Añadió que lo monstruoso se ha asociado históricamente a lo femenino, entendido no como género, sino como desborde, exceso y expansión, como esas flores que en el relato de Kristof amenazan con ocuparlo todo.

 

El monstruo, concluyó, es un cuerpo que desacomoda y hace temblar el lenguaje, pero también hace crecer algo vivo y bello sobre su espalda. Y en esa tensión reside su potencia: una invitación a pensar en nuestros propios miedos y en la creatividad que brota de aquello que no comprendemos.