“Nadar a contracorriente”: voces que cuestionan al Estado desde el activismo jurídico
Crónica del XXVII Encuentro Internacional de Género en la FIL Guadalajara 2025
En el auditorio Rosario Castellanos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), un espacio nombrado en honor a una mujer que escribió contra el silencio, se celebró uno de los paneles más desafiantes del XXVII Encuentro Internacional de Género: “Nadar a contracorriente… entre el activismo jurídico y las barreras del Estado”. El evento, coordinado por el Centro de Estudios de Género y realizado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025, reunió a voces que han hecho del derecho, la criminología y las ciencias sociales un territorio de disputa y transformación.
Participaron Violeta Sandoval, Silvano Cantú, Lucero Moreno y Ana Katiria Suárez, quienes, desde distintas trincheras, compartieron cómo se vive el ejercicio profesional cuando se intenta llevar el género al terreno de la ley y, a la vez, cuestionar las estructuras que la sostienen. Lo que se escuchó no fue solamente teoría, sino la resonancia de experiencias que han puesto el cuerpo, la voz y la práctica frente a un Estado que, demasiado a menudo, se resiste a soltar viejos paradigmas.
El objetivo del panel fue claro: posicionar el iusfeminismo y las herramientas jurídicas con perspectiva de género como necesidades urgentes más que como debates académicos. Se habló de la importancia de visibilizar cómo el derecho puede ser, en ocasiones, una muralla burocrática, pero también un instrumento estratégico para abrir grietas y construir cambios.
El tono de las intervenciones llevó al público a reflexionar sobre la tensión permanente entre el activismo jurídico, con su impulso transformador, y un Estado que suele operar con inercias que obstaculizan la justicia. En esas fisuras, coincide el panel, se vuelve indispensable la crítica feminista al derecho, capaz de cuestionar no solo lo que está escrito, sino lo que históricamente se ha omitido.
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando se invitó a cada panelista a hablar desde su lugar, desde la vivencia que les atraviesa como abogadas, abogados, criminólogas y criminólogos. No se trató de una exposición técnica, sino de una reflexión sobre cómo cada trayectoria personal dialoga, y a veces choca, con las estructuras legales.
¿Qué significa ejercer en un sistema que no siempre reconoce a quienes lo necesitan? ¿Cómo se navega entre la ética profesional, la responsabilidad social y la urgencia de actuar frente a injusticias que siguen vigentes? Las respuestas dibujaron un mapa de realidades diversas, pero unidas por una misma convicción: es necesario transformar el derecho desde dentro y desde fuera a la vez.
Otro eje del encuentro fue la necesidad de ampliar estos ejercicios profesionales a otros espacios. No basta con comprender la perspectiva de género desde la academia: se requiere llevarla a la calle, a las instituciones, a los tribunales, a las políticas públicas, a los colectivos y a cualquier ámbito donde la desigualdad siga operando.
El panel subrayó que la participación social no es un complemento, sino un motor. Las y los futuros profesionales, se dijo, no solo analizarán problemáticas; serán parte de ellas, serán influyentes en su transformación. Por ello, la formación interdisciplinaria y situada se vuelve imprescindible para comprender un mundo donde las violencias mutan, pero también lo hacen las herramientas para enfrentarlas.
“Nadar a contracorriente” no fue solo el título del panel, sino la metáfora que encapsuló la jornada: insistir, cuestionar, tensionar y proponer aun cuando el flujo institucional parezca ir en sentido contrario. Dejando en claro que el activismo jurídico no es un gesto aislado, sino un proceso colectivo que se alimenta de la reflexión crítica y de la acción estratégica





