La Cátedra Julio Cortázar abre un espacio para pensar el lenguaje desde la naturaleza en la FIL 2025
Este 4 de diciembre, la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar presentó, en el marco de la FIL Guadalajara 2025, una mesa de diálogo sobre la relación entre lenguaje, territorio y naturaleza, donde tres especialistas compartieron sus perspectivas sobre cómo comprender el mundo más allá de los límites de la palabra escrita.
La escritora Mónica Nepote habló sobre el proyecto de investigación que desarrolla desde hace una década, enfocado en la creación de literatura digital y en cuestionar qué tipo de autores somos en la era de la pantalla. Para ella, no se trata de inventar un nuevo lenguaje, sino de ampliar lo que entendemos por él. Este trabajo la ha llevado a situar su cuerpo “a la escucha”, reconectándose con el territorio y con seres humanos y no humanos. Nepote recalcó que la naturaleza no es un simple escenario, sino parte de nosotros, y propuso una pregunta que debería guiarnos en este tiempo: “¿qué necesita el río de nosotros?”.
Por su parte, el antropólogo Daniel Ruiz-Serna compartió su experiencia en la costa pacífica de Colombia, donde ha investigado cómo la guerra ha afectado a las comunidades nativas. A partir de su trabajo, aprendió que el lenguaje puede quedarse corto al intentar describir fenómenos profundos, como las violaciones a derechos humanos o la destrucción territorial. Explicó que, para estas comunidades, entender al otro requiere activar no solo la razón, sino todos los sentidos, porque el “otro” no siempre es una persona: también puede ser un río, un animal o un territorio. Señaló además que uno de los avances más importantes en este campo ha sido el reconocimiento legal del daño territorial desde perspectivas no occidentales. Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de pensar que especialistas externos (como biólogos o psicólogos) llegan con todas las respuestas, pues esa actitud puede convertirse en una forma de violencia cultural.
A su vez, la escritora y pensadora Yana Lucila Lema Otavalo ofreció una visión desde los saberes indígenas. Recordó que “la naturaleza tiene muchos lenguajes” y que las culturas originarias han sabido desde siempre que la naturaleza tiene inteligencia, una idea que la ciencia apenas comienza a considerar. Según Yana, elementos como el río o la montaña también enseñan, pero a menudo este tipo de pensamiento entra en tensión con modelos filosóficos más racionalistas, que tienden a desestimar la oralidad y el estilo poético. Compartió que en ocasiones le han dicho que “escribe de montañitas”, un comentario que refleja la dificultad que existe para reconocer otras formas de conocimiento.
La conversación se insertó de manera natural en el espíritu de la Feria Internacional del Libro, donde cada año convergen voces diversas para ampliar la mirada sobre la literatura y el mundo. En este contexto, la mesa no solo aportó una reflexión crítica sobre nuestra relación con la naturaleza, sino que reafirmó el papel de la FIL como un espacio que impulsa el diálogo entre disciplinas, culturas y formas de conocimiento que podrían no coincidir en otros lugares.





