Revista Derecho Global presenta: “¿es posible una cultura de la legalidad?” Y “la cultura de paz como medida disruptiva” en FIL 2025
En el marco de las actividades de FIL 2025, el martes 2 de diciembre, la revista Derecho Global llevó a cabo dos mesas de reflexión dedicadas a examinar la relación entre ciudadanía, legalidad y cultura democrática en México. Las sesiones, que reunieron a académicos de la Universidad de Guadalajara y de la Universidad Veracruzana, abordaron los desafíos estructurales que enfrenta el país para construir instituciones legítimas y modelos alternativos que permitan imaginar nuevas formas de convivencia social.
La primera conversación, titulada “¿Es posible una cultura de la legalidad?”, contó con la participación del Dr. David Quitano Díaz (Universidad Veracruzana), el Dr. Jorge Chaires Zaragoza y el Dr. José Luis Castellanos González (ambos de la Universidad de Guadalajara), bajo la moderación de la Dra. Silvia Patricia. La moderadora abrió el diálogo subrayando la urgencia de discutir la cultura de la legalidad en un contexto donde México es percibido como uno de los países más corruptos del mundo. A partir de su experiencia personal en Japón, contrastó la relación entre ciudadanía, protesta y autoridad en ese país con la dinámica que prevalece en México, donde la legitimidad institucional es frecuentemente cuestionada y los casos de corrupción rara vez generan consecuencias efectivas.
El Dr. David Quitano señaló que la construcción de una cultura de la legalidad enfrenta obstáculos profundos. Cuestionó la idea de que la corrupción pueda eliminarse simplemente “barriendo desde arriba”, advirtiendo que la ejemplaridad presidencial, si bien relevante, no basta para impulsar un cambio sistémico. Consideró que la propuesta de elegir jueces mediante voto popular (como ocurrió en Bolivia) está destinada al fracaso, pues las democracias consolidadas seleccionan a sus juzgadores mediante procesos rigurosos basados en el mérito. Añadió que México necesita recuperar el rumbo hacia un verdadero Estado de derecho, aun cuando existan sectores que se incomoden frente a los mecanismos de control institucional.
Por su parte, el Dr. José Luis Castellanos González complementó el análisis desde una perspectiva histórica y ética. Recordó que países como Japón y Corea han procesado judicialmente a funcionarios de alto rango cuando la ley lo exige, mientras que en México las autoridades suelen ser las primeras en dar mal ejemplo. Citó un texto de Borges, fechado en junio de 1975, donde el autor reflexiona sobre el uso del derecho por parte de regímenes que previamente lo habían vulnerado, y defendió la cultura de la legalidad como un “tesoro” indispensable para la seguridad política y social. Concluyó planteando una pregunta de fondo: qué tipo de país se está construyendo para las generaciones futuras y qué responsabilidad tiene la sociedad mexicana en ese proceso.
La segunda mesa, titulada “La cultura de paz como medida disruptiva”, reunió a la Dra. Dolores del Carmen Chinas Salazar, al Dr. Iván Arrazola Cortés y al Dr. Francisco Javier Lozano Martínez, todos de la Universidad de Guadalajara. La Dra. Dolores abrió la charla preguntando si en México es posible construir una cultura de paz capaz de revertir problemas como la impunidad o la corrupción. El Dr. Iván Arrazola respondió que no solo es posible, sino necesaria. Explicó que la cultura de paz debe entenderse como una herramienta disruptiva que complejiza el análisis de la violencia. Puso como ejemplo la prohibición de vapeadores en México, que contempla penas de hasta ocho años de cárcel, y señaló que muchas políticas públicas se diseñan bajo la lógica de incrementar castigos, cuando la urgencia radica en buscar soluciones integrales. También abordó la creciente práctica de la “justicia por mano propia”, que evidencia la baja percepción de legitimidad en las autoridades.
El Dr. Francisco Javier Lozano Martínez profundizó en la idea de la paz como una fuerza transformadora. Indicó que suele asociarse con suavidad o pasividad, pero que, entendida como medida disruptiva, permite cuestionar inercias, reescribir narrativas y modificar prácticas colectivas. Desde ámbitos como la educación, la política y la vida comunitaria, la cultura de paz apuesta por el diálogo, la cooperación y la resolución no violenta de conflictos. Señaló que esta postura confronta políticas basadas en la coerción, economías del miedo y modelos culturales que normalizan la violencia, incluyendo la que se reproduce en la música, los medios de comunicación y el machismo arraigado. La Dra. Dolores añadió que, así como la violencia se aprende, la paz también, aunque su aprendizaje es más difícil cuando la sociedad reproduce de manera constante mensajes violentos.
Ambas mesas coincidieron en un diagnóstico claro: México enfrenta una crisis de legitimidad institucional que no puede resolverse únicamente mediante reformas legales o el endurecimiento de penas. La cultura de la legalidad y la cultura de paz requieren transformaciones profundas en el comportamiento ciudadano, en la actuación gubernamental y en la manera en que se imaginan las relaciones sociales. Las y los ponentes subrayaron que cualquier esfuerzo por fortalecer la democracia deberá pasar por la reconstrucción del tejido social y por el compromiso colectivo con la justicia, la participación y la responsabilidad pública.





